De rodillas no te rezo; ni aunque me muera en este salitral.

(Los piojos)

lunes, 1 de noviembre de 2010

 
 PARA   CAÍDAS
 
 
 
 
 
Pedro tenía 14 años y  era un chico muy atento, muy observador y sobre todo solía ser muy pensativo. 
Mas que un chico, a pesar de sus treces años, era todo un hombre en progreso. Cierta tarde estaba con su mamá, Lorena, que era una de esas madres súper protectoras y con Leandro y Paula sus hermanos mayores,  con los que no era muy apegado, pero mantenía una buena relación. Mientras Paula hacia un frenético "zzaping", Leandro y su mamá le pedían a gritos que dejara un canal y Pedro los apoyaba energicamente. En medio de aquel pequeño y cotidiano  caos, Pedro gritó:
-¡DEJA AHÍ!
Su hermana, malhumoradamente le hizo caso y dejo  ese canal en el que estaban pasando un documental sobre paracaidismo, fue así que comenzaron a mirar atentamente hasta que Paula se levantó y dijo a su hermano:
- ¿Algo mas aburrido no podías elegir no? Chau má, me voy a lo de Laura-
Pedro, hizo caso omiso a aquel comentario y siguió entretenido en el programa.
Leandro, sin decir más se marchó a la casa de su novia.
Al terminar el documental hubo un breve silencio hasta que Pedro anunció naturalmente y para sorpresa de todos:
- Quiero tirarme con un paracaídas
-Eh? la verdad vos podes aparecerte con cualquier cosa Pedrito- dijo Lorena atónita
- Pero mami es algo muy lindo- refunfuñó el
-No lo se, igual hasta los 18 años no podés hacerlo- anunció ella agradecida por el requisito de la edad.
Ese fue el fin del dilema, el cual no se tocó nunca más, porque de hecho Pedro nunca más lo sacó como tema de conversación, pero en sus adentros y cada día se convencía mas y mas de su sueño.
Pasó el tiempo, y Pedro cumplió sus 18 años, ya era todo un hombre. Uno de esos hombres con los que todos quieren cruzarse, un hombre hecho y derecho, simpático y leal, un gran hombre nada más ni nada menos. En todo el tiempo que había pasado le tocó vivir cosas lindas y cosas qe no lo fueron tanto, momentos agradables y momentos de decepción, también conoció personas que ahora formaban parte de su vida, y perdió otras que dejaron huellas imborrables en su corazón .Por todo esto, es que Pedro era feliz con su vida.
Una mañana se levantó y dijo a su familia que iría a lanzarse en paracaídas, su mamá intentó convencerlo de que no, pero tuvo que ceder tras varios intentos en vano, su hermana no mostró interés alguno, cosa que no sorprendió a Pedro ya que ella no parecía interesarse nunca en nada, pero igualmente  dijo que lo acompañaría y lo esperaría abajo, junto a su mamá y junto a Leandro, quien se mostró entusiasmado con la idea de ver a su hermano caerse desde tan arriba.
Pedro se lanzó, gritó, se asustó, sintió adrenalina en el momento de la caída libre, sintió miedo por algunos instantes que le resultaron eternos, pero por sobre todo, sintió una gran felicidad.
Todo eso en tan poco tiempo, pasó tan rápido lo que esperó durante tantos años, que una de las primeras conclusiones que sacó la tarde después de su propio espectáculo, fue que estaba de acuerdo con que las grandes cosas están en los pequeños momentos. También descubrió que útil sería tener un paracaídas para la vida; algo que nos amortigüe aunque más no sea un poco la caída, algo que nos PARE las CAÍDAS justamente, algo que nos haga más fácil y menos duro el golpe contra el suelo, y se dio cuenta que todos tenemos nuestro paracaídas en la vida, que esta conformado por nuestros seres queridos, esos que amamos y que siempre estarán a nuestro lado, esos que como su mamá nos apoyan siempre ,aún cuando no  están del todo de acuerdo ,esos que como sus hermanos nos esperan siempre en el camino de llegada pero también nos dan su apoyo incondicional durante el trayecto, esos que no pueden frenar nuestra caída pero que están ahí para hacernos la vida más sencilla, mas alegre. Descubrió que la vida esta llena de adrenalina, de momentos lindos y feos, de alegría y tristezas, de inseguridades y de aciertos y que eso era lo lindo de ella, de que si algo salía mal, tenía quien lo socorriera, y también fue conciente de que un día algo podía salir mal, de que el paracaídas podría no llegar a abrirse y de que ese día sería su final.
Pero sostenía que le quedaban muchísimas veces más para arriesgarse, y que lo iba a disfrutar al máximo como si fuera la última vez, porque cualquiera podría serla, pero el no quería perderse ni un segundo, el quería vivir la vida a pleno, sabiendo que un día el paracaídas podía no abrirse  y que la caída podía ser muy dolorosa, o hasta fatal, pero que el sabría que fue feliz.

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